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El aprendizaje que nos dejó la Selección de Noruega en este 2026

Por ActionCOACH Rodrigo Escobedo


¿Sabes cuál es el sueño de todo dueño de PyME? Que sus hijos continúen el negocio.

¿Y sabes cuál es la pesadilla? …Exactamente el mismo.


Pues Noruega acaba de demostrar que la sucesión familiar SÍ puede salir bien. Y de paso rompió un récord mundial.


Viaja al verano de 1994. En el primer Mundial jugado en Estados Unidos, Noruega presentó un plantel aguerrido con tres apellidos que hoy nos suenan demasiado. El arquero Erik Thorstvedt, una de las grandes figuras del fútbol noruego de la época. El defensor y lateral derecho Alf-Inge Haaland, que ese mismo año saltaba del modesto Bryne al Nottingham Forest inglés. Y el delantero Gøran Sørloth. Compartieron vestidor, minutos y la frustración de quedar eliminados en fase de grupos pese a vencer a México: los cuatro equipos terminaron con cuatro puntos y diferencia de gol cero, y Noruega cayó por el detalle más cruel, los goles anotados.


Nada épico, en apariencia. Tres profesionales haciendo su trabajo. Pero ahí, sin saberlo, estaban "fundando la empresa".


Avancemos 32 años. El 16 de junio de 2026, otra vez en suelo norteamericano, Noruega regresa a un Mundial tras 28 años de ausencia. Su última cita había sido 1998, cuando ni Erling, ni Alexander, ni Kristian habían nacido. Y en el debut, contra Irak, ocurre lo inédito.

Erling Haaland —hijo de Alf-Inge, hoy estrella del Manchester City y de los mejores delanteros del planeta— firma un doblete en una goleada 4-1. Alexander Sørloth —hijo de Gøran, consolidado en el Atlético de Madrid tras brillar en LaLiga— arranca como titular. Y en la segunda mitad entra Kristian Thorstvedt —hijo de Erik, afianzado en el fútbol italiano—, que esta vez no juega de portero como su padre, sino de mediocampista, y mete las manos en otro gol.


Con esos tres en cancha, Noruega se convirtió en la primera selección en la historia de los Mundiales en alinear a tres hijos de exmundialistas en un mismo partido. No es marketing emocional: es un récord verificado.


Esos tres muchachos no llegaron por el apellido. Erling no es titular del City porque su papá conociera al técnico. Sørloth no triunfó en España por nostalgia. Se ganaron el puesto a patadas, en ligas durísimas, lejos de casa.


La primera generación noruega no les heredó la titularidad. Les heredó lo único que de verdad se transmite: mentalidad, disciplina y oficio. Los valores, no la silla.


Y ahí está el contraste con la empresa familiar promedio: muchos fundadores le pasan al hijo la silla, las llaves y la firma del banco… pero se les olvida pasarle lo único que importa. Por eso 9 de cada 10 negocios familiares desaparecen en la segunda generación. No es la economía. No es el SAT. Eres tú, que enseñaste a tu heredero a ser un JR esperando un campeón.


El legado que sobrevive no es el que se firma ante notario: es el que se entrena todos los días.


Noruega tardó 32 años en demostrarlo. Tu empresa no tiene tanto tiempo.


Así que si ya estás pensando en tu sucesión: no entrenes a tu hijo para que ocupe tu lugar.


Entrénalo para que se gane el suyo, haciéndolo mejor que tú.


¿Qué otra historia del mundial te ha sorprendido y cómo la llevarías a tu empresa familiar?

 
 
 

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